Publicado el mayo 17, 2024

Contrariamente a la creencia popular, no todos los ingredientes sintéticos son peligrosos ni todos los naturales son inofensivos.

  • El riesgo real depende de la concentración, el tipo de producto (con o sin aclarado) y tu exposición total o «carga acumulada».
  • La estricta Regulación Cosmética Europea ya prohíbe o limita las sustancias más peligrosas, actuando como un primer filtro de seguridad.

Recomendación: Aprende a leer la lista INCI y a identificar el «greenwashing» para tomar decisiones basadas en la evidencia, no en el miedo.

Entrar en la sección de cosmética de cualquier tienda puede ser abrumador. Las estanterías están repletas de productos que prometen maravillas, pero sus etiquetas, llenas de nombres químicos impronunciables, generan más dudas que certezas. Ante la creciente preocupación por la «carga tóxica», muchos padres y consumidores optan por buscar sellos como «sin tóxicos» o «clean beauty», aunque a menudo estos términos son más una estrategia de marketing que una garantía científica. La reacción habitual es evitar listas interminables de ingredientes «malos» como los parabenos o los sulfatos, cayendo en un ciclo de miedo y confusión.

Pero, ¿y si el enfoque no debería ser memorizar una lista de enemigos químicos, sino entender los principios que determinan el riesgo real? La clave no está en demonizar ingredientes de forma aislada, sino en evaluar su contexto: su concentración, la forma en que los usamos y, sobre todo, el marco regulatorio que ya nos protege. La Unión Europea posee una de las legislaciones cosméticas más estrictas del mundo, que prohíbe más de 1.300 sustancias y restringe muchas otras basándose en evidencia científica rigurosa. Este es un dato fundamental que a menudo se olvida en los debates alarmistas.

Este artículo no es otra lista de pánico. Es una guía práctica para descifrar etiquetas con una nueva perspectiva: la de la precaución informada. Te enseñaremos a distinguir entre un peligro potencial y un riesgo real, a entender por qué un ingrediente puede ser preocupante en una crema facial pero insignificante en un gel de ducha, y a aplicar el «principio de precaución» de manera inteligente. A lo largo de estas secciones, desglosaremos los grupos de ingredientes más controvertidos, no para asustar, sino para empoderar. Descubrirás cómo la ciencia y la regulación europea te proporcionan las herramientas para cuidar de tu salud y la de tu familia sin caer en las trampas del marketing del miedo.

Para navegar por este complejo universo, hemos estructurado la información de manera clara y progresiva. A continuación, encontrarás un resumen de los temas que abordaremos, desde el análisis de ingredientes específicos hasta las claves para identificar el engañoso «greenwashing».

Parabenos: ¿son seguros los de cadena corta o mejor evitarlos todos por precaución?

Los parabenos son, quizás, los conservantes más vilipendiados en el mundo de la cosmética. Su función es crucial: evitar el crecimiento de bacterias y hongos en los productos, garantizando su seguridad durante el uso. Sin embargo, la controversia surgió a raíz de estudios que sugerían una posible actividad como disruptores endocrinos, es decir, su capacidad para imitar a las hormonas del cuerpo. Aquí es donde la ciencia y la regulación aportan matices fundamentales. No todos los parabenos son iguales, y su riesgo depende de su estructura química, concretamente de la longitud de su «cadena».

La regulación europea, a través del Comité Científico de Seguridad de los Consumidores (SCCS), ha adoptado un enfoque basado en la evidencia. En 2014, prohibió el uso de parabenos de cadena larga (como isopropylparaben o isobutylparaben) por falta de datos que garantizaran su seguridad. Sin embargo, los parabenos de cadena corta, como el methylparaben y el ethylparaben, se consideran seguros en las concentraciones permitidas. La legislación europea establece un límite estricto de concentración del 0,4% para cada uno y del 0,8% si se usan mezclados.

Esta distinción es clave para una evaluación del riesgo informada. Mientras que la prohibición de los parabenos de cadena larga fue una aplicación directa del principio de precaución ante la incertidumbre, la autorización de los de cadena corta se basa en una extensa evaluación de seguridad. Por tanto, en lugar de evitar todos los productos «sin parabenos» por sistema, un consumidor informado puede optar por verificar en la lista INCI que solo se utilicen los de cadena corta y dentro del marco legal. No obstante, muchos consumidores y padres, especialmente preocupados por la carga acumulada en niños pequeños, prefieren aplicar un principio de precaución más estricto y evitarlos por completo.

Detalle macro de lista INCI en envase cosmético mostrando ingredientes

La decisión final es personal, pero debe basarse en esta información. El miedo genérico a los «parabenos» ignora el riguroso trabajo de evaluación que realizan las autoridades sanitarias europeas. Entender esta diferencia permite pasar del pánico a una elección consciente y adaptada a nuestro nivel de exigencia personal.

Ftalatos en perfumes: por qué deberías preocuparte si estás embarazada

A diferencia de los parabenos, que suelen aparecer claramente en la lista de ingredientes, los ftalatos son mucho más esquivos. Este grupo de sustancias químicas se utiliza a menudo para hacer los plásticos más flexibles, pero en cosmética su función principal es la de fijadores de fragancias, logrando que el olor de un perfume o una crema perdure más tiempo. El principal problema es que rara vez se declaran explícitamente, ya que pueden esconderse bajo el término genérico «Parfum» o «Fragrance».

La preocupación en torno a los ftalatos, especialmente el Dietil Ftalato (DEP), se centra en su potencial como disruptor endocrino. Los estudios han señalado posibles vínculos con alteraciones en el sistema reproductivo, lo que los convierte en un ingrediente particularmente preocupante durante el embarazo y la primera infancia, etapas críticas del desarrollo hormonal. Aunque la regulación europea ha prohibido ciertos ftalatos peligrosos en juguetes, su control en cosméticos es más complejo debido al secreto comercial que rodea a las fórmulas de los perfumes.

Un estudio internacional impulsado por el Consejo Danés de Consumidores arrojó resultados preocupantes. Al analizar 27 productos cosméticos vendidos en España, se encontró que solo dos de ellos se podían clasificar como seguros y libres de químicos problemáticos. Esta es una señal de alerta sobre la prevalencia de sustancias controvertidas en productos de uso diario. El propio consejo explicaba el porqué de esta clasificación:

La mayoría de los productos tienen la clasificación C, lo que significa que contienen una o más sustancias químicas que podrían tener efectos endocrinos, cancerígenos, mutagénicos.

– Consejo Danés de Consumidores THINK Chemicals, Estudio comparativo internacional sobre tóxicos en cosméticos

Dado que es casi imposible identificar los ftalatos en la etiqueta, la estrategia más efectiva bajo el principio de precaución es optar por productos «sin fragancia» (fragrance-free) o aquellos perfumados exclusivamente con aceites esenciales naturales (aunque estos también pueden contener alérgenos que deben declararse). Para grupos vulnerables como mujeres embarazadas o lactantes, esta medida reduce significativamente la exposición a disruptores endocrinos ocultos.

¿Por qué evitar el Triclosán en dentífricos y desodorantes por su impacto hormonal?

El Triclosán es un potente agente antibacteriano y fungicida que durante décadas ha sido un ingrediente estrella en productos de higiene como dentífricos, desodorantes, jabones antibacterianos y enjuagues bucales. Su promesa era clara: una protección superior contra los gérmenes. Sin embargo, la ciencia ha ido acumulando evidencias que cuestionan seriamente su perfil de seguridad, tanto para la salud humana como para el medio ambiente.

Uno de los principales motivos de preocupación es su papel como disruptor endocrino, con estudios que apuntan a su capacidad para alterar las hormonas tiroideas y el sistema reproductivo. Además, su uso masivo ha generado una gran alarma por su posible contribución a la resistencia bacteriana. Al eliminar indiscriminadamente tanto las bacterias malas como las buenas, puede favorecer la aparición de «superbacterias» resistentes a los antibióticos, un problema de salud pública de primer orden. La OCU (Organización de Consumidores y Usuarios) de España lo clasifica entre los ingredientes más problemáticos, señalando que es peligroso tanto en productos con aclarado como en aquellos que permanecen en la piel.

La Unión Europea ha reaccionado a estas evidencias. Aunque no está prohibido, su uso ha sido fuertemente restringido. Actualmente, solo se permite en ciertos productos y en concentraciones muy bajas, como un máximo del 0,3% en dentífricos y enjuagues bucales, y ha sido prohibido en otros usos donde no se considera esencial. Esta limitación es una clara señal de que las autoridades aplican el principio de precaución.

Para el consumidor, la recomendación es clara y sencilla: evitar el Triclosán. Existen innumerables alternativas eficaces en el mercado para la higiene dental y corporal que no presentan estos riesgos. Revisar la lista INCI de dentífricos y desodorantes en busca de la palabra «Triclosan» es un gesto simple que elimina una fuente innecesaria de exposición a un disruptor endocrino y un potencial contribuyente a la resistencia antibiótica. En este caso, la precaución es la opción más sensata y respaldada por la comunidad científica.

SLS vs SLES: ¿cuál es la diferencia de agresividad para tu piel y ojos?

Los sulfatos, y en particular el Sodium Lauryl Sulfate (SLS) y el Sodium Laureth Sulfate (SLES), son los responsables de la abundante y satisfactoria espuma que producen geles, champús y limpiadores faciales. Son tensioactivos, agentes limpiadores muy eficaces y económicos, lo que explica su omnipresencia. Sin embargo, su poder limpiador es también la fuente de la controversia. Teniendo en cuenta que una persona puede usar entre 5 y 15 productos al día, cada uno con unos 15 ingredientes, la exposición acumulada a sustancias potencialmente irritantes es considerable.

El Sodium Lauryl Sulfate (SLS) es conocido por ser un ingrediente eficaz, pero también potencialmente irritante. Debido al pequeño tamaño de sus moléculas, puede penetrar en las capas superiores de la piel, alterando su barrera lipídica natural. Esto puede provocar sequedad, tirantez e irritación, especialmente en personas con piel sensible, seca o con condiciones como el eczema o la rosácea. En el cabello, puede ser demasiado agresivo, arrastrando los aceites naturales y acelerando la pérdida de color en cabellos teñidos.

Aquí es donde entra en juego el Sodium Laureth Sulfate (SLES). El SLES se obtiene a partir del SLS mediante un proceso llamado etoxilación. Este proceso modifica su estructura, aumentando el tamaño de sus moléculas. Como resultado, el SLES tiene una menor capacidad de penetración en la piel, lo que lo convierte en un agente limpiador mucho más suave y menos irritante que el SLS, manteniendo un buen poder espumante. Por esta razón, la mayoría de las marcas de cosmética han reformulado sus productos para sustituir el SLS por el SLES.

La siguiente tabla resume las diferencias clave entre ambos compuestos para facilitar su distinción y elección.

Comparación entre SLS y SLES en productos cosméticos
Característica SLS (Sodium Lauryl Sulfate) SLES (Sodium Laureth Sulfate)
Tamaño molecular Pequeño Grande (por etoxilación)
Capacidad de penetración Alta Reducida
Irritación cutánea Mayor Menor
Efecto en cabello teñido Elimina tinte rápidamente Menos agresivo con tintes
Poder espumante Muy alto Alto

Para la mayoría de las personas, el SLES en un producto con aclarado no supone un problema. Sin embargo, para quienes tienen la piel muy sensible o prefieren un enfoque minimalista, existen alternativas aún más suaves, como los limpiadores a base de coco-glucósidos o isetionatos, que limpian eficazmente sin comprometer la barrera cutánea.

El problema de la palabra «Parfum» en la etiqueta que oculta cientos de químicos

La palabra «Parfum» o «Fragrance» en una lista de ingredientes (INCI) es una de las mayores cajas negras de la cosmética. Amparándose en el secreto comercial, esta simple denominación puede englobar una mezcla de decenas o incluso cientos de sustancias químicas, tanto sintéticas como naturales. Si bien su objetivo es proporcionar un aroma agradable, esta falta de transparencia impide al consumidor saber a qué se está exponiendo realmente, un problema especialmente grave para personas con alergias, piel sensible o aquellas que desean evitar ciertos químicos como los ftalatos.

Consciente de este problema, la Unión Europea ha tomado cartas en el asunto. Históricamente, obligaba a declarar de forma separada una lista de 24 sustancias alergénicas conocidas si superaban una cierta concentración. Esta medida permite a las personas alérgicas identificar y evitar ingredientes como el Limonene, Linalool o Geraniol. Sin embargo, la regulación sigue evolucionando. El Reglamento 2023/1545 de la UE ha dado un paso más allá, ampliando la lista de sustancias alérgenas declarables de 24 a 81, con un plazo de adaptación para la industria que finaliza en 2028. Esto aumentará significativamente la transparencia para los consumidores.

La regulación no solo se centra en la declaración, sino también en la prohibición. Sustancias de fragancia que han demostrado ser problemáticas han sido eliminadas del mercado. Por ejemplo, el Butylphenyl methylpropional (conocido como Lilial), un alérgeno común con posibles efectos sobre la fertilidad, fue prohibido en marzo de 2022. Del mismo modo, el Hydroxyisohexyl 3-cyclohexene carboxaldehyde (Lyral) fue prohibido en 2021 por su alto potencial alergénico. Estas acciones demuestran que el sistema de vigilancia europeo funciona, aunque a veces con lentitud.

Composición minimalista de frascos de perfume sin etiquetas en ambiente neutro

Para el consumidor preocupado, la estrategia más segura sigue siendo el principio de precaución. Optar por productos etiquetados como «sin perfume», «fragrance-free» o formulados para pieles sensibles minimiza la exposición a alérgenos y químicos desconocidos. Aunque la nueva regulación mejorará la transparencia, el término «Parfum» seguirá siendo un cajón de sastre, por lo que la elección de productos sin fragancias añadidas es la vía más directa para un control total sobre lo que aplicamos en nuestra piel.

¿Cómo calmar la dermis sensible utilizando solo ingredientes puros y suaves?

Para las personas con piel sensible, reactiva o propensa a condiciones como la dermatitis o la rosácea, el mundo de la cosmética puede parecer un campo de minas. La solución, a menudo, no reside en encontrar un «ingrediente mágico», sino en adoptar un enfoque radicalmente opuesto: el minimalismo cosmético. Calmar una dermis sensible pasa por eliminar todo lo superfluo y centrarse en fortalecer su función barrera con una rutina simple y compuesta por ingredientes puros y de alta tolerancia.

El primer paso es reducir la «carga» de ingredientes. Una rutina con menos productos, y con productos formulados con listas INCI cortas, disminuye drásticamente la probabilidad de una reacción. Se trata de enfocarse en tres gestos esenciales: limpiar, hidratar y proteger. Para la limpieza, se deben elegir fórmulas suaves, sin sulfatos agresivos (SLS) y, fundamentalmente, sin fragancias. Los limpiadores en aceite o bálsamo, o aquellos basados en tensioactivos suaves como los glucósidos, respetan el manto hidrolipídico de la piel.

La hidratación debe centrarse en reponer los componentes esenciales de la barrera cutánea. Ingredientes como las ceramidas, el ácido hialurónico, la glicerina o la niacinamida son excelentes aliados. Hay que buscar cremas con fórmulas sencillas, que eviten alcoholes secantes, colorantes y, de nuevo, perfumes. Como explica la farmacia Natural Farma, el desequilibrio del ecosistema de la piel es una de las principales causas de sensibilidad:

Nuestra piel tiene un pH ligeramente ácido y una flora bacteriana beneficiosa. Los geles con pH alcalino y altas concentraciones de alérgenos de perfume pueden alterar este ecosistema, causando disbiosis.

– Natural Farma, Ingredientes perjudiciales y sustancias tóxicas en cosmética

Finalmente, la protección solar es innegociable, ya que el sol es uno de los mayores agresores para la piel sensible. La mejor opción son los protectores solares minerales (o físicos), que utilizan óxido de zinc y/o dióxido de titanio. Estos ingredientes actúan como un escudo en la superficie de la piel y son mucho mejor tolerados que los filtros químicos, que pueden causar reacciones. Adoptar esta filosofía «menos es más» no solo calma la piel, sino que también la ayuda a recuperar su propia capacidad de defensa y equilibrio.

La simplicidad es a menudo la estrategia más eficaz. Para ponerla en práctica, es crucial conocer los pasos para calmar la piel sensible con una rutina minimalista.

¿Por qué el gel de ducha con mucho perfume está destruyendo tu defensa natural?

El gel de ducha es un producto básico en la higiene diaria. A menudo lo elegimos por su aroma embriagador, asociando esa intensa fragancia con una mayor sensación de limpieza. Sin embargo, esta elección aparentemente inofensiva puede estar saboteando silenciosamente la primera línea de defensa de nuestro cuerpo: la barrera cutánea. Esta barrera, compuesta por lípidos, células y un ecosistema de microorganismos beneficiosos (la microbiota), es fundamental para mantener la piel hidratada, elástica y protegida de agresores externos.

Los geles de ducha con altas concentraciones de perfume y tensioactivos agresivos actúan como un «disolvente» sobre esta barrera. Los sulfatos potentes eliminan no solo la suciedad, sino también los lípidos naturales que mantienen las células de la piel unidas. Al mismo tiempo, las fragancias, compuestas por múltiples alérgenos potenciales, pueden provocar irritación y alterar el delicado equilibrio de la microbiota cutánea. Esto puede llevar a una piel seca, tirante, con picores e incluso a un empeoramiento de condiciones como la dermatitis atópica. Es importante recordar que hasta el 60% de lo que aplicamos en la piel puede ser absorbido y pasar al torrente sanguíneo, lo que subraya la importancia de elegir bien.

Aquí es crucial introducir un concepto clave en la evaluación de riesgos: la diferencia entre productos «con aclarado» (rinse-off) y «sin aclarado» (leave-on). Un gel de ducha permanece en la piel apenas unos segundos antes de ser aclarado con agua, lo que limita significativamente el tiempo de exposición y la penetración de sus ingredientes. Una crema corporal, en cambio, permanece durante horas. Como señala la OCU, el riesgo de un ingrediente problemático es mucho mayor en productos sin aclarado.

A pesar de que el riesgo es menor en un gel, la exposición es diaria y afecta a todo el cuerpo. Por ello, aplicar el principio de precaución es una estrategia inteligente. Optar por geles de ducha con fórmulas suaves, sin sulfatos agresivos, con un pH respetuoso con la piel (en torno a 5.5) y con poco o ningún perfume, es una de las mejores inversiones a largo plazo para la salud de nuestra piel. La limpieza no debe ser una agresión, sino un gesto que respete la increíble defensa natural que nuestro cuerpo ha perfeccionado durante milenios.

Puntos clave a recordar

  • El riesgo de un ingrediente no reside solo en su naturaleza, sino en su concentración, el tipo de producto en que se usa y la exposición total.
  • La distinción entre productos «con aclarado» (gel, champú) y «sin aclarado» (cremas, desodorantes) es fundamental para evaluar el riesgo real de exposición.
  • Aprender a leer la lista INCI es la herramienta más poderosa para el consumidor, permitiendo eludir el marketing y tomar decisiones basadas en la composición real del producto.

¿Cómo distinguir la cosmética natural real del «Greenwashing» en España?

A medida que crece la preocupación por los ingredientes sintéticos, el mercado ha sido inundado por una ola de productos que se autoproclaman «naturales», «ecológicos» o «verdes». Sin embargo, muchos de ellos son un claro ejemplo de «greenwashing» o ecopostureo: una estrategia de marketing que utiliza un empaquetado verde y reclamos ambiguos («con extractos de…», «inspirado en la naturaleza») para dar una falsa apariencia de producto saludable y sostenible. Distinguir la cosmética natural genuina es una habilidad crucial para el consumidor informado, especialmente cuando se estima que una persona puede estar expuesta a unos 76 mg diarios de parabenos solo entre cosméticos, alimentos y fármacos, lo que ilustra la importancia de reducir la carga tóxica donde sea posible.

El primer y más fiable indicador es la lista de ingredientes (INCI). En la Unión Europea, los ingredientes deben listarse en orden decreciente de concentración. Si el «extracto de aloe vera» que protagoniza el envase aparece al final de una larga lista de químicos sintéticos, su presencia es meramente testimonial. Una regla de oro es comprobar que los primeros 5-7 ingredientes sean de origen natural y reconocibles (aceites, mantecas, aguas florales).

El segundo pilar son las certificaciones oficiales. Un sello no es una decoración, es una garantía de que un organismo independiente ha verificado que el producto cumple unos estándares estrictos (porcentaje mínimo de ingredientes ecológicos, procesos de producción sostenibles, ausencia de ingredientes controvertidos). En España y Europa, los sellos más reconocidos y fiables son Ecocert, COSMOS, Natrue o el sello español Bio.inspecta. La ausencia de un sello reconocido debe ser una señal de alerta, mientras que su presencia es el mejor atajo para una compra segura.

Lista de verificación: Cómo detectar el «greenwashing» cosmético

  1. Revisa la posición en la INCI: Si el ingrediente natural estrella está al final de la lista, su concentración es mínima y es puro marketing. Los primeros 5 ingredientes son los que más cuentan.
  2. Busca sellos de certificación fiables: No te fíes de logos inventados por la marca. Busca certificaciones reconocidas como Ecocert, COSMOS, Natrue o la española Bio.inspecta.
  3. Desconfía de los reclamos vagos: Frases como «inspirado en la naturaleza», «fórmula botánica» o «con extractos de» sin un porcentaje claro o una certificación no significan nada.
  4. Ignora el color del envase: Un packaging verde o con dibujos de hojas no convierte un producto en natural. Es la táctica de greenwashing más básica.
  5. Verifica los primeros ingredientes: En un producto verdaderamente natural, los primeros puestos de la INCI deberían estar ocupados por ingredientes como «Aqua», aceites vegetales («Prunus Amygdalus Dulcis Oil»), mantecas («Butyrospermum Parkii Butter») o aguas florales.

En definitiva, convertirse en un detective de etiquetas es la única forma de escapar del marketing engañoso. Al combinar el análisis de la lista INCI con la búsqueda de certificaciones fiables, el consumidor puede tomar el control y asegurarse de que su elección es verdaderamente coherente con su deseo de una cosmética más limpia y segura.

Para poner en práctica estos consejos, el siguiente paso es analizar las etiquetas de los productos que ya tienes en casa con una nueva perspectiva crítica y basada en la evidencia.

Escrito por Irene Soler, Química Formuladora y consultora en Cosmética Natural y Sostenible, dedicada a analizar etiquetas (INCI) y desvelar la verdad detrás del "Greenwashing". Con 9 años en la industria I+D, ayuda a distinguir entre marketing ecológico y eficacia real de los ingredientes botánicos.